04/10
Aquí hay dragones
La leyenda del marraco
La fantasia, aïllada de la raó, només produeix monstres impossibles;
unida a ella, en canvi, és la mare de l’art i la font dels seus desitjos.
Francisco de Goya, pintor
Hic sunt dracones. La frase se utilizó para marcar los territorios inexplorados o peligrosos. Aparecía junto a serpientes marinas y otras criaturas sombrías: pulpos gigantes, ballenas acolmilladas, calamares hercúleos o extraños seres mitológicos. El globo terráqueo de Hunt- Lenox, el segundo más antiguo que se conoce, situó
estas tres palabras en la costa oriental de Asia, al este de la península de Indochina. Quizás, inspirado en los dragones de Komodo. Pero, más allá de este lagarto, el más grande del planeta, la frase decoró los mapas como una advertencia que aconsejaba: Aquí hay dragones.
«La paraula ‘marraco’ està vinculada a l’euskera. Significa drac. Era un animal totèmic des del segle V a. de C. Era deitat. I era símbol».
Los dragones dibujaban los límites de las certezas. Representaban una barrera invisible. Pero también eran una puerta y una invitación a lo desconocido. Este libro también trata de acercarse a esos lugares inciertos; donde habitan los dracos. Son crónicas desde los enclaves donde comienzan sus tierras. Fronteras, cercas, baluartes y muros (invisibles). Busca contar cómo son los fines de un mundo conocido que dan paso a una selva ignorada.
Figura: Lennox Globe, by B.F. Da Costa. Kattigara, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons
La figura de un dragón en azulejos, pinturas, llaveros y suvenires despierta la curiosidad del visitante. La sorpresa crece al ver desfilar tal criatura junto a otras figuras gigantescas por las calles de la ciudad de Lleida. Dos toneladas de peso. 8 metros y medio de largo. Casi cuatro de altura. Orificios nasales que exhalan columnas de humo. Este draco colosal integra la colección de gigantes de Lleida. La presencia de estos bustos hercúleos está documentada desde los siglos XVII y XVIII. La parroquia de San Juan o el gremio de los alpargateros poseían parejas de gigantes que deambulaban por las calles de la ciudad en las celebraciones y festividades. Con apariencia de turcos y romanos primero; pasaron a adoptar la fisonomía y la vestimenta de reyes cristianos, después; y de faraones egipcios, más tarde. La inventiva no cesó con el paso de los años: figuras con rasgos asiáticos (los “chinos”), reyes y reinas…
Cerca de la Catedral Nueva, la Casa de los Gigantes de Lleida recoge una detallada colección de gigantes y cabezudos. Y, entre ellos, la figura de un extraño ser, a veces, de tez verdosa; otras, de piel colorada. Es el Marraco, un legendario dragón que, desde la Alta Edad Media, corretea entre gritos, músicas y humaredas, por las calles de la capital leridana. De nuevo, el viajero se detiene a reflexionar. Busca los porqués. Se interroga sobre el origen. ¿Por qué un dragón?
La palabra “marraco” está ligada al euskera. Significa dragón. Su fuerza y su capacidad de escupir fuego lo convirtieron en un animal totémico desde el siglo V a. de C. Era deidad. Y era símbolo. Los jefes, caciques y dirigentes estaban considerados como hijos de lo divino. Por encima de ellos, estaba el marraco. Por ello, Indíbil, rey de los ilergetes, pueblo prerromano de la península ibérica, era el hijo espiritual del gran dragón. El simbolismo de ese animal fantástico pervivió. Dios para unos. Monstruo para otros. Siempre estuvo muy presente. Lo sigue estando. El marraco circuló y circula, desde la edad media, en las procesiones del Corpus y otras celebraciones de las tierras de Lleida.
El viajero intenta otra vez –y quizás se equivoca– conferir sentido a todo. Busca respuestas en los libros. Del griego ‘δράκων’ (drákōn), la palabra dragón alude a la serpiente. Pero también a su mirada: El que observa fijamente. Una manera de mirar que se aplica también a las águilas y a los guerreros. Pero la historia moldeó su esencia. Y ese nombre se usó para denominar a criaturas imaginarias y gigantescas capaces de volar y escupir fuego por sus fauces. Los cuentos, las leyendas y los mitos priorizaron al monstruo. Pero, como siempre, otra mirada es posible. Nos lo dice la etimología. Nos lo recuerdan, cada año, las comparsas que animan las fiestas de las tierras de Lleida.
Cuaderno de bitácora
Aprender a mirar
El viajero quiere aprender a mirar. La leyenda del marraco le regala una bonita lección. Quizás tras la apariencia de eso que hemos llamado monstruos, hay otras historias y otros porqués. Hay que observar detenidamente. Cambiar la perspectiva. Aprender a mirar.
Escrito en la ciudad de Lleida, junto a la Casa de los Gigantes. Recordando al filósofo Friedrich Nietzsche: “Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo”.